Los jardines y árboles instalados alrededor de la catedral de Valencia datan de 1970 cuando se acabó la reforma de la Plaza de la Reina y se derribó el muro de sillares del siglo XVIII.
Con el tiempo se ha comprobado que estos jardines son una fuente de humedades que se manifiestan en el interior de las fachadas del templo; además, los cipreses y olivos han crecido desmesuradamente, impidiendo la visión completa de la arquitectura gótica y neoclásica de las capillas laterales en la calle del Miguelete y de la parte recayente a la plaza de la Reina.
Con estos argumentos, el Cabildo de la catedral ha iniciado los trámites para acabar con la vegetación de sus fachadas, a lo que el Consell de Cultura rechaza la acción del Cabildo. El presidente de la institución consultiva, Santiago Grisolía, aboga por buscar alternativas para eliminar las humedades del interior y dice lo siguiente: "El patrimonio arbóreo es un bien a conservar y, por tanto, las Administraciones y la ciudadanía deben concienciarse al máximo para cuidarlo.
Patrimonio está elaborando un informe sobre la conveniencia de quitar o no la vegetación.
¿Cómo acabará esta historia?...el tiempo lo dirá.

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